Durante millones de años, los individuos que conseguían ingerir muchas calorías cuando había comida disponible y almacenarlas como grasa corporal tenían más probabilidades de sobrevivir a las hambrunas y transmitir sus genes.

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La evolución favoreció a los individuos dotados con este genotipo ahorrador. Solo que ahora, cuando hay sobreabundancia de comida, kioscos y restaurantes en cada esquina, se ha vuelto una desventaja.

No todos tenemos genes ahorrativos, existen sujetos que comen de todo lo que desean y se conservan delgados. “Esto se debe a una rareza evolutiva, no a la norma” dice el Dr. Eric Ravussin, científico del centro de investigación biomédica en Baton, Lousiana.

Los promotores de muchas dietas modernas insisten en que la obesidad se debe a la falta de voluntad, pero con estos hallazgos se puede afirmar que es un mito. “Los genes determinan en gran medida nuestro grado de obesidad, así como determinan nuestra estatura” señala el científico.

 

El interruptor del hambre

En algún momento de la evolución, las células adiposas comenzaron a comunicarse con el cerebro a través de una hormona llamada “leptina”. La leptina forma parte de un complejo sistema que regula la grasa corporal y el hambre. Cuando engordamos las células adiposas liberan leptina, la cual le avisa al cerebro que suprima el apetito. Más aún, la leptina envía el mensaje de acelerar el metabolismo.

Con el hallazgo de esta hormona supresora del hambre, los científicos pensaron que por fin habían encontrado el remedio para la obesidad. Pero resulta que paradójicamente, entre el 85 y el 90% de las personas con obesidad tienen un nivel de leptina mayor de lo normal. “El problema no es la producción insuficiente” -señala Friedman, reconocido investigador en esta área-, sino la resistencia a sus efectos.

Resistencia a la leptina: al subir de peso, el nivel de triglicéridos aumenta, lo cual puede impedir que la leptina llegue al cerebro. Como la persona siente hambre, tiende a comer más y acumula más grasa.

Sean los triglicéridos u otro factor que bloquea la leptina, una vez que la persona engorda, la resistencia a esta hormona le dificulta bajar de peso, ya que el cerebro no recibe la orden de apagar el hambre y acelerar el metabolismo.

Junto con la resistencia a la leptina aparece la Resistencia a la Insulina; otra hormona central en el desarrollo de la fisiopatología de la obesidad.

La resistencia a la insulina es la alteración metabólica más prevalente en la actualidad. Las células no pueden hacer uso de la glucosa que circula como combustible, ésta se acumula en sangre, produciendo una cascada de respuestas metabólicas dañinas para el organismo: acidificación sanguínea, inflamación, aterogénesis, aumento del riesgo cardiovascular y de la formación de tumores y hambre y ansiedad.

La sensación de hambre y ansiedad no es más que un claro síntoma del desperfecto metabólico que está ocurriendo en el cuerpo de la persona. Una de las principales causas son los alimentos artificiales (industrializados), por lo que la solución es eliminarlos.

 

Apagar el apetito

Más fácil de lo que parece. Con solo eliminar de su alimentación los alimentos ultra procesados: galletas, panes, cereales, productos light, pizas, bebidas, etc.; y reemplazarlos por los alimentos naturales, su cuerpo recupera la autorregulación fisiológica de la alimentación, el metabolismo y el peso.

Tenemos sensores que detectan en forma permanente la concentración y el estado de todos nuestros componentes, presión arterial, temperatura, glucemia, proteínas plasmáticas, electrolitos, colesterol, triglicéridos, etc.

La regulación de la conducta alimentaria es un sistema automático auto regulado de manera perfecta por la inteligencia corporal en donde el hambre y la saciedad son partes de este mecanismo que nos avisa cuando comer y cuándo dejar de comer.

Los alimentos artificiales distorsionan las señales de hambre y saciedad, produciendo avidez por consumirlos e interfieren con las hormonas que producen saciedad.

 

Cambiar hábitos

La llave que abre la puerta para la salud, el descenso de peso, el control del hambre y la saciedad, es la alimentación natural o alimentación fisiológica.

Es usted quien decide qué va a llevar a su boca: alimentos artificiales que estimularán su hambre o alimentos naturales que activan los mecanismos naturales de autorregulación aportando saciedad y que lo ayudarán a disminuir de peso y mejorar la salud.

Este cambio no es fácil, ya que los alimentos artificiales son parte de la cultura y están presentes en todos los lugares, cargados de valor afectivo y simbólico. El cambio requiere de un compromiso grande con usted mismo y que encuentre la forma de reemplazarlos con alimentos naturales que le agraden.

 

Lo invitamos a que se sume a nuestras redes sociales donde encontrará otras personas que llevan adelante este cambio en su alimentación. Interactuar con otros que hacen lo que usted necesita le dará motivación y herramientas para que inicie el cambio en su vida.

 

Puede participar ahora mismo uniéndose al grupo público de Facebook: Córdoba Nutrición Comunidad. Clic Aquí para unirse.

 

Lic. Loreley Baravalle
Directora de Córdoba Nutrición
MP: 2610 – Nutricionista

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